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El mundo será de los Cronopios, o no será

sábado, 29 de mayo de 2010

Civilizados y bárbaros, Sandra Russo


[...]Las palabras pueden ser reemplazadas, pero el enfoque es el mismo. La cultura o la ignorancia, lo blanco o lo negro, lo europeo o lo latinoamericano, los seres pensantes y la masa, el Colón o la 9 de Julio, lo exquisito y lo popular. Sólo algunas veces en la historia el sentido común argentino fue perforado por la inversión de los términos.[...]

[...]Y también pasa que el orgullo argentino se empieza a despertar en otra parte. Allí a lo lejos, donde el emisor oficial de la argentinidad ubica a la barbarie. Todo cambia cuando el bárbaro advierte que no es bárbaro, sino que así lo ha llamado su conquistador. Y en el fondo de todo, siempre está el lenguaje. Los bárbaros que rodeaban a los griegos, los que siglos después rodearon al imperio romano o los que mucho más tarde rodearon la Bastilla, hablaban mal. El origen de ese mito fundante de Occidente, porque hasta ahí se remonta esta trama, es sencillo: los primeros bárbaros no “hablaban mal” sino otro idioma. El mito se origina en la ignorancia de los griegos: no sabían en qué idioma hablaban esos otros.
En la Argentina también hablamos distinto idioma, con la fuerza que tiene esa expresión, los que vibramos y sentimos el goce de mezclarnos, de rozarnos, de abrazarnos, de llorar en el hombro de otro, de agitar banderas, de gritar hasta quedarnos doloridos, de sostenernos horas en nuestros pies, de sonreírnos con desconocidos, de aceptar un mate al paso, de vivir esa experiencia alucinógena de ser millones y estar felices.
La reacción se defiende viendo otra cosa. No puede ver más que la masa o la chusma. No tiene otra cosa en la cabeza, ni en el alma ni en la mirada. No hay, en ese emisor histórico que resurge cada tanto, ninguna posibilidad de multitudes felices. Es más. Ese emisor cumple la función de mantener sojuzgadas a las multitudes para que nunca dejen de sentirse bárbaras.
Los verdaderos cambios, lo que no son cosméticos, sino rasguños en la costra del statu quo, suponen una revolución simbólica. Porque siempre el sujeto del cambio es el bárbaro que se libera de la mirada del griego o del romano y empieza a nombrarse a sí mismo de otra manera.
[ Sandra Russo ]

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146570-2010-05-29.html

3 comentarios:

  1. ¿Quiénes son los bárbaros y quiénes los civilizados habría que preguntarse verdad?, Si los griegos llamaron Bárbaros a "los otros", a aquellos que tenían otras lenguas, que decían "bar, bar.." y por eso no podían entender su estructura y sus pensamientos, sólo por eso debían ser: "seres inferiores". Obvio que el término se fue bastardeando. Pero esos "seres inferiores" no eran inferiores sino que hablaban una lengua diferente. Así pasó también con la masacre africana en el congo con Leopoldo II, que llamó Bárbaros a los nativos que vivían ahí y por eso se llevó más de cinco millones de muertos y esclavizó a una inmensidad de personas. Entonces, eso no es ser "civilizado", matar no es ser civilizado, "colonizar" no es ser civilizado, creo que el término "civilizado" no debería siquiera existir. Al igual que bárbaro obviamente...

    Muy buena la nota, y es un tema que da mucho de qué hablar.

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  2. Compañero Vint, cierto que el peso simbólico que cae sobre las palabras suele aplastar su significado esencial, y cierto que esas significaciones circundantes a las categorías se transforman mientras anda la historia, reflejando el candombito de las transformaciones sociales y culturales. Así la palabra que necesitamos para denominar a la cosa, habla de lo que esa cosa es, y por lo tanto tambien habla de lo que no es. Las denominaciones restringen el ser de la cosa. Y los humanos han demostrado en la historia que para lograr y consolidar una unidad necesitan construir un "nosotros", pero primero, es preciso que exista un "los otros", demonizados, que no son ni hacen lo que "nosotros" sí. Categorizaciones siempre cargadas de simbolismo, que sólo sirven para separar a los hombres, son parte de una superestructura labrada por los siniestros arquitectos de un sistema diseñado para que el poder perdure en las mismas manos, cerradas para ocultarlo.
    Por otra parte, es desde esas mismas significaciones, desde esas mismas construcciones culturales, que debemos desarticular al poder. Si "ellos" inventaron palabritas para separarnos, "nosotros" vamos a inventar el amor para unirnos. Y que asquerosa crismorenista que me puse jajajajajj

    Abrazo!

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