sábado, 9 de abril de 2011
Mujer
profesa todos sus amores de lunas transmuta lluvia de extraños cielos aunque florezca y sangrecíclicas mareas Por detrás del silencio la carne es un animal azul o verdes delirios polizón de huracanesde atentas llamaradas. Mujer oceánica pechos de sirena metáforas doblemente rebeldes Esencia rumor de tempestades a donde nadie se esconde. Santificada entrega transgresora bebida de su propia boca. I Las mujeres de Atlántida lejos de sus hombres guardan silencio y a nadie confiesan de la lluvia se ríen de los demonios que escupen en la tierra y con saliva bañan sus pies Las mujeres de Atlántida tejen con hilos de sol en sus palacios de gotas todo es sombra bajo el agua sus hijos despiertan diluvios a sus perros ladran lloviznas Aunque no crean sus cuerpos son vapores ante la tormenta sus cabellos se despeinan y contra todas las cosas la tierra pare sola Las mujeres de Atlántida cuando escuchan los lamentos cobijan la carne de los que no duermen después del aguacero II Las mujeres de Pompeya anticipan su vigilia toda agua es un furor uterino que guardan con fidelidad de lluvias En las noches de luna nueva insensatez de mareas ellas percibenen las pupilas de los gatos sus hijos que partieron adelante del sol Las mujeres de Pompeya duermen con el oído pegado a tierra y el cabello hilvanado con cenizas Hay cosas que no comprenden: el camino del fuego por adentro de la tierra el estéril temblor de la brisa las mentirosas palabras cuando se comen las ocultas. Las mujeres de Pompeya vuelven de noche para arreglar la casa cubrir a los niños y juntar la leña III Las mujeres de Hiroshima no labran más la tierra no comparten el sol ni las ruinas de la lluvia. Ya no cantan hijos arrozales. Hace medio siglo que duermen consumidas en sus historias Hay tres cosas que todavía no saben: que su piel es azul que las hormigas sobrevivieron y las palomas no tienen memoria. Las mujeres de Hiroshima vuelven cubiertas de espumas y dolor y antes del crepúsculo aguzan los sentidos afilan sus lenguas y preparan la pólvora. Los hombres entristecidos soplan toda la arena que cubre sus párpados. IV Las mujeres de América todavía preservan la lluvia germinan y paren como los manantiales. Sus temores hartos de líquidos encierran el viento y sus gargantas construyen pañales. Apuradas amamantan sus hijos temen que estrangulen sus perros quemen sus gallinas o escondan el agua. Aún se visten de pajas nadie decreta nada a los muertos tampoco las consume el fuego que cohabita con sus raíces. Beben lo que no tienen porque hay goteras en sus casas llevan aguaceros en sus espaldas aunque el cielo no las deje La mujeres de América antes que se oscurezcan el sol y la luna mezclan sus óvulos transbordan multiplicadas permanecen intactas. Son testigos sus nietos del frío de las polillas de sus tierras codiciadas herederosde la otra mitad del sol donde las viudas pueden bailar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario