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El mundo será de los Cronopios, o no será

viernes, 15 de enero de 2010

Naipes


Dicen que existe, en la misteriosa baraja de lo posible, una carta semioculta que espera a lo largo de mil viajes fugaces de bultitos biológicos por el mundo, a un ser digno de descubrirla. Una carta que al momento de girarla, se escapa entre los dedos, se vuela y arrastra al incauto, que desde entonces jamás podrá dejar de desearla, ni de ansiar descubrirla. Así se embarcará en un viaje huracanado, atravesando vientos y vagando mundos. Porque sin ese naipe, su juego está incompleto y vacío.
No muchos tienen el valor que hace falta para seleccionar la carta. Hay quienes ni siquiera se percatan de su existencia y se amoldan al juego establecido por otros jugadores. Ellos ignoran totalmente la posibilidad de algún desvío transgresor, que haga obsoletas a las Reglas de Juego Milenarias que, según dicen, están cinceladas hasta una profundidad desconocida en la piedra más dura, desde que el mundo es mundo. Hay quienes juegan con los naipes que reparte el adversario, sin cuestionarlo y sin sorpresa. Porque así es la cosa. Hay quienes conocen de la existencia de la carta mágica, pero el temor al misterio que oculta es suficiente como para optar por una estructura de juego conocida y mediocre. También hay quienes, al momento de elegir, acercan la mano firme hacia el naipe encantado. Tal vez sin saber. Tal vez el naipe lo elige a uno. Eso no se sabe, pero es ahí cuando el juego comienza a disputarse parejo, entre una fuerza poderosa que se vale de la inercia de su ejército de jugadores grises y sus naipes conocidos, tristes, y otra fuerza de Viajeros Poetas, que eligen navegar a contraviento para descubrir la magia que la carta esconde, y así completar un juego que nunca cierra. Ni nunca va a cerrar, porque la verdad es que la carta mágica en realidad no se atrapa, sirve para que los Viajeros Poetas rieguen al mundo de aires nuevos, de esos que golpean y despiertan, mientras la buscan por ahí.

2 comentarios:

  1. Tu texto me ha fascinado por completo. Esa magia escondida en una simple carta... o unas letras cargadas del perfume colorista de las palabras. Me gusta lo que has escrito, es sencillamente, bello.

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  2. Puede que la carta esté escondida en una taza de té, y algún poeta se la tome.

    ¡Pero en ese caso el poeta nunca va a poder parar de llorar!

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