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El mundo será de los Cronopios, o no será

sábado, 30 de junio de 2012

Las ciudades y la memoria








Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge Zora, ciudad que quien

la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras

ciudades memorables, una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la

propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus

calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y de las ventanas en las

casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la

forma en que la vista se desliza por figuras que se suceden como en una partitura

musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota. El hombre que sabe

de memoria cómo es Zora, en la noche, cuando no puede dormir imagina que camina

por sus calles y recuerda el orden en que se suceden el reloj de cobre, el toldo a rayas

del peluquero, la fuente de los nueve surtidores, la torre de vidrio del astrónomo, el

puesto del vendedor de sandías, el café de la esquina, el atajo que va al puerto. Esta

ciudad que no se borra de la mente es como una armazón o una retícula en cuyas

casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar: nombres de varones

ilustres, virtudes, números, clasificaciones vegetales y minerales, fechas de batallas,

constelaciones, partes del discurso. Entre cada noción y cada punto del itinerario

podrá establecer un nexo de afinidad o de contraste que sirva de llamada instantánea

a la memoria. De modo que los hombres más sabios del mundo son aquellos que

conocen Zora de memoria.

Pero inútilmente he partido de viaje para visitar la ciudad: obligada a

permanecer inmóvil e igual a sí misma para ser recordada mejor, Zora languideció,

se deshizo y desapareció. La Tierra la ha olvidado.




[Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles]

martes, 19 de junio de 2012


Morelliana

Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice "la cómoda de alcanfor", ya nadie habla de "las trebes" -las trébedes-. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos.
Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

domingo, 5 de febrero de 2012

Fordham, 1998



El sueño (si es que fue un sueño) requiere una explicación previa y algo prosaica. No sé inglés ni me gusta viajar. Por alguna razón, sin embargo, yo estaba en Fordham, que hoy es un barrio arbolado de Nueva York y en el siglo pasado fue algo así como un pueblo, un arrabal brumoso donde estuvo la casa de Edgar Poe.

Llegué a ese lugar de una manera algo abrupta, pero muy natural, al menos bajo las leyes que, anoche, regían el universo entre las araucarias y los pinos de mi casa de San Pedro. Cuando vi venir a Poe caminando hacia mí, me di cuenta inmediatamente de que era él, sin necesidad de reconocer su cara entre las sombras. Hablamos. La primera parte de nuestra conversación sucedió en castellano y luego fue derivando imperceptiblemente al inglés. Era el inglés de los sueños, no el de la gramática. Poe me hablaba, cortés y suavemente, sin que yo lo entendiera, y de tanto en tanto yo mismo intercalaba alguna observación cuyo significado me resultaba incomprensible, pero que parecía ser perfectamente clara para Poe, quien me escuchaba con serena cortesía. En una o dos ocasiones, mientras caminábamos, él bajó la cabeza y miró con gravedad el suelo, y yo pude notar que meditaba mis palabras. Cosa que me produjo una sensación ambigua. Por un lado, sentí casi con orgullo que también a mí me habría gustado comprender el sentido de mis atinadas observaciones; por el otro, temí que Poe notara en cualquier momento la impostura de mi inglés y descubriera que, en realidad, yo no estaba diciendo nada.

Llegamos a un pequeño puente de madera, que no cruzamos. Estábamos en un límite impreciso entre las afueras de Fordham y el parque de San Pedro, porque me pareció ver, sobre los árboles, la alta lucecita colorada de la antena del telesistema, que está a espaldas de mi casa. Cuando Poe se detuvo, comprendí con un poco de tristeza que nuestro encuentro estaba a punto de terminar. Vi, sobre una pequeña loma, del otro lado del puente, una casa de madera de dos plantas que me recordó un dibujo a pluma en un libro de Hervey Allen.
Esa es la casa donde escribió "El Cuervo", pensé, tal vez Virginia Clemm todavía esté allí.

Tuve, durante un segundo, la tentación de seguir adelante, cruzar con él y forzarlo de algún modo a que me invitara a visitar la casa, pero de inmediato sentí que mi inglés simulado no iba a ser capaz de sostener mucho tiempo más la situación.
Sé que ya en este momento yo había empezado a oír los versos.

Recuerdo con claridad haber pensado que Poe estaba murmurando, tal vez un poco obviamente, el poema asociado por mí con esa casa de madera. Me volví sonriendo hacia él para demostrarle que reconocía las palabras, cuando tuve la certeza de que aquello no era El Cuervo. Ni El Cuervo ni Ulalume ni Silencio ni La ciudad en el mar ni cualquier otro de los poemas que yo conocía de memoria en español y que, en rigor, son casi las únicas palabras cuyo sonido me siento capaz de reconocer en inglés. Entonces comprendí que toda nuestra conversación anterior había girado alrededor de un sólo asunto: los versos ideales, los versos del poema nunca escrito, esos versos que todo poeta siente que él pudo haber compuesto y que, por alguna razón secreta, Dios no permite que se escriban nunca. Supe (con incredulidad, después con agradecimiento, súbitamente con terror) que Poe me estaba recitando a mí esos versos, escandiéndolos, casi cantándolos en la noche, como una música indescifrable que yo nunca podría recobrar.

Cuando todo terminó, Poe sólo hizo una rápida inclinación de cabeza, me dio la espalda y cruzó el puente hacia su casa. Desde allá, sin darse vuelta, me saludó vagamente con la mano.

Abelardo Castillo, inédito.

viernes, 8 de julio de 2011

Todas las imágenes se borraron y apareció la bruma, y en medio de la bruma, todos mis Policarpos.



[La tregua, Mario]

sábado, 2 de julio de 2011

¿Dónde está tu nombre, tu apellido, tu raíz?
¿En qué otra dimensión se está pudriendo
aquella ciudad que descubrimos tú y yo
oculta en esta misma ciudad,
por dentro?

¿Dónde está aquel valle de gigantes, que una vez
a ti y a mí se nos rindieron?
¿Qué hiciste de la esencia misteriosa
que nos hizo regalar mil mariposas
al viento?


¿Qué te pasó, conquistador
de aquellos rumbos?
¿Qué le ha ocurrido a tu llovizna,
que no cae hoy?

¿Dónde fue a parar tanta poesía?
¿Qué hiciste de tu adarga, tu armadura?
¿En qué caverna habitaré en lo adelante?
¿Dónde fue que desapareciste?

¿Dónde está tu mundo, tu montaña, tu valor?
¿Por qué caminos anda hoy Rocinante?
¿Y ahora qué será de aquel castillo sin reloj,
cuando el tiempo lo descubra, lo destruya,
lo borre?

¿Qué me recomiendas, caballero del honor,
para encontrar tus huellas en la senda?
¿A cuál cementerio de elefantes te llevó
tu paso de animal con grave herida,
vencido?

¿Qué te pasó, conquistador
de aquellos rumbos?
¿Qué le ha ocurrido a tu llovizna,
que no cae hoy?

¿Quién te venció que no lo supe,
quién te hizo pedazos, Don Quijote?

viernes, 1 de julio de 2011

De las Utopías y las dictaduras




El miedo quiso desplegar su manto sobre las esquinas, que nadie se abrace.

Cambió la orquesta irregular de miles de andares que hacían la calle

por la marcha reverberante de las botas.

Las calles ya no son para encontrarse.

Tema a su vecino, a su compañero.

¿O usted sabe lo que puede estar haciendo en este momento?


El asesinato de las imágenes

Porque cuando se habla de Utopías, acá y en todo el mundo, no puede dejar de hablarse de los intentos de desarticulación, de las voluntades de desterrarlas de los imaginarios sociales, y del aparato desplegado para cumplir ese objetivo de muerte: fagocitar la capacidad de un pueblo de generar sus propias imágenes.

Porque hablar de utopía es indisociable de hablar de dictaduras, como un ejercicio de memoria, y porque esas dos palabras signaron la vida y la muerte de los que se levantaron y empuñaron sus biromes contra la maquinaria del miedo, esta nota está atravesada por ambos conceptos: Utopías y dictaduras.

La cara irreverente de nuestra historia, la que irrumpe, maleducada y llena de energía frente a la historia oficial, está escrita por los eternos vencidos, los que luchan toda la vida, los que recogen las palabras de los luchadores muertos en combate. Palabras vociferadas que quiebran el estado cristalizado del horror y la morbidez del espanto, palabras empuñadas para enfrentarse a la muerte, palabras que la verdadera historia alguna vez abrazará del todo.

La historia oficial es un discurso instalado que se adhiere cada vez más al saber a través de su reproducción, en el diseño curricular de las escuelas, en las prácticas de ciertas instituciones, en los discursos de ciertas figuras públicas referenciales, modeladoras de la opinión pública. En tanto circule, se imprima, se lea, se acate y se acepte la historia instituida, escrita por los ganadores eternos, menos posibilidades habrá de crear nuevas alternativas de mundo. De saber que esa posibilidad existe. Que se puede construir sin dejar a nadie afuera.

El aparato de muerte de la dictadura se vale sobre todo de la máquina mediática para instalar más profundamente el mensaje alienador. “No te metas”, “Silencio es salud”, “¿Usted sabe qué están haciendo sus hijos en este momento?”.

Porque no basta con matar, torturar, hacer y deshacer. Tampoco declarar flagrantemente la suciedad uniformada. Sólo basta con sembrar una pequeña certeza sobre algo que la sociedad quiere evitar creer. La gente se aliena y prefiere no ver, ser buen ciudadano, apostar a la seguridad antes que al peligro de saber y denunciar. Mejor no atreverse. Mejor dejarse transcurrir a través de los días, y si es en un escenario manchado con la sangre del vecino, se borrará con el tiempo. Seguro que andaba en algo.

Entonces se transmite un mensaje incompleto, que dispara una duda, y se completa subjetivamente al interpretar los hechos: La gente que de golpe desaparece, o se muere en un accidente.

El miedo se hace grande, paraliza, no puede hablarse ni nombrarse. Y al estar impedido el pueblo de poner nombres a las cosas, pierde la capacidad de dominio, de aprehensión. El miedo, así, no puede explicarse. No tiene una entidad establecida, de límites acotados. El miedo crece, es pánico, es horror, es peor que todo eso porque no tiene nombre. Avanza. Y cuando avanza, esa sensación inexplicable, innombrable, fuera del discurso, repercute en el discurso de lo que todavía puede nombrarse.

Empieza a fagocitar cualquier asomo de idea. Da miedo tener ideas, está mal. Crece la sensación de culpa, de que todo lo que se hace es incorrecto y subversivo. Crece también la sensación de sentirse vigilado por las paredes.

Las utopías nacen de las ideas, de la proyección, de imaginar un futuro construido entre todos, comunicado, socializado, hablado. Una dictadura discursiva intentará desactivarlas, empezando por establecer, dictaminar, que se puede decir y que no. Qué será vaciado de sentido, qué será expulsado del imaginario, proscripto en el lenguaje.

Este artículo simplemente fue un pobre intento de homenaje para esos luchadores atormentados de sentido que en la calle y en sus escritorios impidieron que las palabras se vacíen de significado.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Por Manolo y el placer de jugar*

Quiero dedicar este premio a la memoria de Josep Sunyol, el presidente del Barça que en 1936 fue asesinado por los enemigos de la democracia.

Y también quiero rendir homenaje a los deportistas peregrinos, que un año después, en 1937, encarnaron la dignidad, malherida pero viva, de toda España. Me refiero a los jugadores del Barça, que en 1937 recorrieron los Estados Unidos y México, disputando partidos de fútbol en beneficio de la República, y a la selección de jugadores vascos, que hizo lo mismo en varios países europeos.

Por ellos me emociona recibir este premio, por ellos y también por los jugadores del Barça de nuestros días, dignos herederos del Barça de aquellos años: este premio que, por si todo eso fuera poco, lleva el nombre de mi entrañable amigo Manolo Vázquez Montalbán.

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Con él hemos compartido varias pasiones.

Futboleros los dos, y los dos zurdos, zurdos para pensar, creímos que la mejor manera de jugar por la izquierda consistía en reivindicar la libertad de quienes tienen el coraje de jugar por el placer de jugar en un mundo que manda jugar por el deber de ganar. Y en ese camino hemos intentado combatir los prejuicios de mucha gente de derechas, que cree que el pueblo piensa con los pies, y también los prejuicios de muchos compañeros de izquierdas, que creen que el fútbol tiene la culpa de que el pueblo no piense.

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También nos identificamos, Manolo y yo, en el placer de la ironía y la risa franca y todas las formas del humor, en nuestras maneras de decir lo que pensamos y lo que sentimos, en los artículos y en los libros y en las charlas de café. Porque no son dignos de confianza los solemnes caballeros, ni las damas ejemplares, que no son capaces de tomarse el pelo; y ni Manolo ni yo confundimos el aburrimiento con la seriedad, como también ocurre con otros colegas de ideas políticas parecidas a las nuestras.

Y conste que no hablo en tiempo presente por error ni por descuido, sino porque fuentes bien informadas me han asegurado que la muerte no es más que un chiste de mal gusto.

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Y otro espacio compartido, muy importante para los dos: la reivindicación de la buena comida como una celebración de la diversidad cultural.

Bien decía Antonio Machado que ahora cualquier necio confunde valor y precio, y aquel ahora del poeta es también nuestro ahora, porque lo mismo ocurre en nuestros días.

La mejor comida no es la más cara y bien lo ha dicho Manolo, que más bien ocurre que la comida más cara no es más que una trampa engañabobos.

Y yo también creo, como él, que el derecho a la autodeterminación de los pueblos incluye el derecho a la autodeterminación de la barriga. Y es más que nunca necesario defender ese derecho, más que nunca, en estos tiempos de obligatoria macdonaldización del mundo, cada vez más desigual en las oportunidades que brinda y cada vez más igualador en las costumbres que impone.

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Y hasta aquí llegué. Porque yo sé que cuando bebo demasiado corro el grave riesgo de decir estupideces, y yo quise alzar estas palabras como si fueran copas de vino, un buen vino tinto de por acá, para brindar con Manolo y por Manolo: una manera de beber

por la dignidad humana y por la solidaridad,

por el placer de jugar y la alegría de ver jugar cuando se juega limpiamente,

por la alegría de estar juntos y por el pan y el vino compartidos,

por los soles que cada noche esconde

y por todas las pasiones, a veces dolorosas, que dan rumbo y sentido al viaje humano, al humano andar,

al vent del món.

* Palabras del escritor uruguayo al recibir el Premio Internacional de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán, otorgado por la Fundación Fútbol Club Barcelona y el Colegio de Periodistas de Catalunya, ayer, en el Palau de la Generalitat de Barcelona.


http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-168797-2011-05-25.html

lunes, 16 de mayo de 2011

1 ¿Cuántas historias hay en la Historia? Desde 1492, una sola: se ha naturalizado que la Historia –y ni siquiera toda ella, sino la de las clases dominantes– de la humanidad es la historia de una pequeñísima porción de ella (véase cuánta superficie ocupa Europa en el mapamundi), y la de una concepción, o una “filosofía”, de la historia, que es muy, pero muy reciente (no más de 500 años: para la historia total de la humanidad, como decir hace cinco minutos). Con una típica operación de fetichismo ideológico, esa pequeña parte se ha transformado en el sentido común del todo. En nuestras escuelas secundarias, por ejemplo, se sigue enseñando la “Edad Media” como uno de los grandes períodos de la Historia: los grandes terratenientes y la servidumbre de la gleba, los conflictos de la aristocracia feudal con la monarquía centralizadora, los de esta última con el papado, las cruzadas y las guerras de religión, etcétera. Todas cosas, evidentemente, que no pueden faltar en la formación de un adolescente. Ahora bien: ¿qué diantres puede querer decir todo esto para los bantú del Africa subsahariana, para los chipaya del altiplano boliviano, para los tunguses de la estepa siberiana? Es decir –si continuáramos la lista de todas las sociedades y culturas históricas que no han atravesado aquellos procesos–, de algo así como el 90 por ciento de la humanidad (incluyendo a una buena parte de Europa, especialmente oriental, cuyo “feudalismo” fue radicalmente distinto del de Inglaterra o Francia). En fin, que una pequeñísima porción de esa humanidad, como decíamos, ha logrado construir la “evidencia” de que su historia es la Historia sin más. Esto solía tener un nombre prestigioso, más o menos acuñado por Gramsci: “Hegemonía cultural”. Semejante hegemonía –que afecta nada menos que a toda nuestra mismísima idea de la historia en su conjunto– sólo pudo imponerse gracias a la conquista y la colonización multisecular, que “redondeó” al mundo “bajo la mirada de Occidente” (para citar un famoso título de Joseph Conrad). A esta altura, ya no hace falta seguir argumentando el carácter genocida de esa (bien llamada) “empresa”: un genocidio “objetivo” que es el más gigantesco que haya conocido la historia humana, causando el desastre no sólo de un continente, sino de dos, ya que tal “empresa” incluyó asimismo la catástrofe demográfica de buena parte de Africa mediante la esclavitud. Pero quizá sí sea necesario seguir argumentando las diversas formas en que ello implicó también un no menos gigantesco etnocidio o “culturicidio”. También fueron “colonizadas”, y en muchos casos directamente “desaparecidas”, las otras lógicas históricas, culturales, económicas, políticas, religiosas, artísticas o poéticas que esa diversidad casi infinita de sociedades representaban. Esa primera “globalización” empobreció la variedad civilizatoria con su unificación forzada bajo la lógica hegemónica y bajo el tiempo “homogéneo y vacío” (diría Walter Benjamin) de la expansión mundializada del capital. Como afirma, si bien refiriéndose a la destrucción del politeísmo, Sergio Bergallo, en un notable libro titulado La destrucción de los dioses: “Milenios de sabiduría, de caminos abiertos para el género humano, fueron literalmente sepultados”.

2 Entre esos “caminos abiertos” ahora sepultados estaba, por supuesto, el de los qom/tobas, así como el de cientos y cientos de esos pueblos que, en efecto, estaban ab origem (en el comienzo). Allí había, por ejemplo, mitologías y cosmogonías que no por no responder al logos hoy totalmente tecnificado de la ciencia moderna dejaban de bucear en el sentido de un universo enigmático. Pero también había –porque para ellos formaba parte de una totalidad compleja y diversa pero integral– formas de producción, de cooperación social, de organización política y económica sustantivamente democráticas que incluían un profundo respeto por la tierra y la naturaleza, y que eran desde ya estructuralmente incompatibles con el avance del capital agrario transnacionalizado, de la invasión sojera, de la minería contaminante, de la especulación territorial y financiera global. Tenían que ser sepultadas, y lo fueron. Se perdió así un “modelo”, entre tantos otros posibles, radicalmente alternativo a “lo que hay”. Un modelo que –como explicaba el heterodoxo antropólogo francés Pierre Clastres– no es el de una sociedad sin política, sino el de una sociedad contra la política entendida como el gerenciamiento represivo de los negocios de las clases dominantes; no una sociedad sin “excedente de producción”, sino contra el excedente de producción que implica la mercantilización de todo lo existente y el consumismo desenfrenado. Que se nos entienda bien. No se trata de hacer demagogia romántica, de alucinar un retorno a algún paraíso del “buen salvaje” (que bien puede ser la versión “progre” del etnocentrismo colonial). Pero sí de entender, mediante el “caso” qom, tomándolo como “analizador”, que en nuestro planeta puede haber otras cosas que el “modelo” capitalista/neodesarrollista, que podrá tener algunas ventajas respecto del neoliberalismo conservador más (él sí) “salvaje”, pero que no por eso deja de pertenecer a la misma lógica de destrucción de lo que no se someta a ella. Las comunidades qom –así como tantas otras, insistimos– han perdido la mayor parte de sus tierras, han sido dispersadas, “desterritorializadas” (como gustan decir los “pensadores” posmodernos, creyendo que eso es siempre algo bueno; y quizá lo sea... en París), sus miembros se han visto obligados a “ingresar” al mercado de superexplotación de la fuerza de trabajo. Por la puerta más chica, claro: en general, pasando a formar parte de la ocupación “informal” (una palabra repugnante por su frivolidad: como si se dijera que se visten “informalmente”), es decir fuera del mundo, que todavía está rayana en cerca del 40 por ciento de la fuerza de trabajo. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, condenados al hambre, la miseria, la desesperación dentro del (in)mundo. Y, como se ha visto en los últimos meses, al asesinato sumario. Caídos en lo peor de todos los infiernos: tras el despojo, el racismo, y tras este desclasamiento, aún antes de haber entrado a su nueva “clase”, y finalmente la liquidación física. El punto de cruce perfecto entre la “historia” de medio milenio de genocidio y la “modernidad” de la explotación clasista más actual. Lo de los qom no es una anécdota o un conflicto coyuntural: es un símbolo universal.

3 En este diario, en los últimos días, se publicaron dos muy atendibles artículos sobre el problema qom, a cargo de Washington Uranga y de Mempo Giardinelli. Son atendibles, entre otras razones, porque sus autores se declaran simpatizantes, en muchos aspectos, del actual gobierno argentino. Sin embargo, no retroceden ante el imperativo de una dura crítica a las máximas autoridades de ese gobierno por su silencio ante las justísimas demandas qom. Es un rasgo de encomiable consecuencia, o, como se decía en otras épocas, de coraje cívico. Demuestra que un intelectual puede y debe ir más allá de sus adhesiones inmediatas cuando hay que poner el dedo en una llaga dolorosa. Pero me permito, muy humildemente, proponer que hundamos el dedo a fondo. Hasta el codo. Y me temo que entonces tendríamos que decir algo bien antipático y aguafiestas: con cualquier variante del actual “modelo” de acumulación capitalista mundial –y nuestro país sigue estando, con sus peculiaridades, allí, ¿o no?–, el problema qom no tiene solución de fondo posible. Se puede, y se debe, pelear para que las autoridades nacionales los reciban, los escuchen, les den, sí, la razón que ya tienen, les devuelvan sus tierras, lo que fuera. Tal vez, incluso, todo eso se consiga –aunque habrá que luchar muchísimo–. Pero en algún momento nos encontraremos con un paredón infranqueable: en lo inmediato, será con el sistema de alianzas políticas y económicas que esas autoridades no parecen muy dispuestas a romper, incluyendo a alguna gobernación que es por lo menos políticamente responsable de los despojos y las muertes; en lo más mediato, con aquel “modelo” de acumulación que lleva inscriptos constitutivamente estos agujeros negros (el de los qom es sólo uno) que está “por naturaleza” incapacitado para clausurar. La “mancha” qom sobre la 9 de Julio es un corte a los entusiasmos desmesurados y acríticos. Es así. Habrá que hacerse cargo, y extraer las consecuencias que cada cual crea pertinentes.

4 En todo caso, hay una de esas consecuencias que ya no se puede ocultar más: el Occidente capitalista del cual seguimos, con los matices que se quieran, formando parte –no se ha escuchado todavía que el “modelo” contemple la alternativa de lo que Samir Amin llamaba la “desconexión”– está entrando en estado de crisis terminal, como se puede leer todos los días en las noticias europeas o norteamericanas. El colapso económico –que aceleradamente, también todos los días, precipita en la pobreza a las masas más desprotegidas de los imperios– se combina siniestramente con la exacerbación del racismo, frecuentemente homicida, contra la inmigración proveniente de aquellas otras “historias” que esos imperios fagocitaron. Ellos tienen sus propios qom. Mientras tanto, las cosas realmente interesantes, la posibilidad de nuevos “caminos abiertos”, también se está gestando en ese “afuera” de las otras historias, aun con todas sus contradicciones, incertidumbres, brumosidades: en las rebeliones del mundo árabe (que también son, o pueden devenir, rebeliones contra ese Occidente capitalista que durante décadas sostuvo a los déspotas sobre sus barriles de petróleo), o en los esfuerzos latinoamericanos –ante todo de los pueblos, más que de los gobiernos– por interrogar críticamente todo lo que en las últimas décadas parecía no tener vuelta, y por recuperar la multiplicidad de sus historias plurales. Tal vez el camino, alguna vez “abierto”, del Occidente único amo de la Historia haya empezado también a sepultarse, esta vez por sus propias manos. Ojalá –porque no es cuestión de celebrar ningún desastre de manera unilateral e irresponsable– que de ese hundimiento podamos rescatar los caminos que siempre permanecerán abiertos si sabemos recorrerlos a nuestra propia manera: los de Homero, Shakespeare, Miguel Angel o Beethoven, por decir algo. Y de los qom.

* Sociólogo, profesor de Teoría Política (UBA)

domingo, 10 de abril de 2011

Nunca puedo hacer que el editor pedorro que proporciona el Sr. Blogger suba las poesias en formato poesia. Fundamentalista de la prosa, la distribución espacial de las palabras también dice.

sábado, 9 de abril de 2011

Mujer

profesa todos sus amores de lunas transmuta lluvia de extraños cielos aunque florezca y sangrecíclicas mareas Por detrás del silencio la carne es un animal azul o verdes delirios polizón de huracanesde atentas llamaradas. Mujer oceánica pechos de sirena metáforas doblemente rebeldes Esencia rumor de tempestades a donde nadie se esconde. Santificada entrega transgresora bebida de su propia boca. I Las mujeres de Atlántida lejos de sus hombres guardan silencio y a nadie confiesan de la lluvia se ríen de los demonios que escupen en la tierra y con saliva bañan sus pies Las mujeres de Atlántida tejen con hilos de sol en sus palacios de gotas todo es sombra bajo el agua sus hijos despiertan diluvios a sus perros ladran lloviznas Aunque no crean sus cuerpos son vapores ante la tormenta sus cabellos se despeinan y contra todas las cosas la tierra pare sola Las mujeres de Atlántida cuando escuchan los lamentos cobijan la carne de los que no duermen después del aguacero II Las mujeres de Pompeya anticipan su vigilia toda agua es un furor uterino que guardan con fidelidad de lluvias En las noches de luna nueva insensatez de mareas ellas percibenen las pupilas de los gatos sus hijos que partieron adelante del sol Las mujeres de Pompeya duermen con el oído pegado a tierra y el cabello hilvanado con cenizas Hay cosas que no comprenden: el camino del fuego por adentro de la tierra el estéril temblor de la brisa las mentirosas palabras cuando se comen las ocultas. Las mujeres de Pompeya vuelven de noche para arreglar la casa cubrir a los niños y juntar la leña III Las mujeres de Hiroshima no labran más la tierra no comparten el sol ni las ruinas de la lluvia. Ya no cantan hijos arrozales. Hace medio siglo que duermen consumidas en sus historias Hay tres cosas que todavía no saben: que su piel es azul que las hormigas sobrevivieron y las palomas no tienen memoria. Las mujeres de Hiroshima vuelven cubiertas de espumas y dolor y antes del crepúsculo aguzan los sentidos afilan sus lenguas y preparan la pólvora. Los hombres entristecidos soplan toda la arena que cubre sus párpados. IV Las mujeres de América todavía preservan la lluvia germinan y paren como los manantiales. Sus temores hartos de líquidos encierran el viento y sus gargantas construyen pañales. Apuradas amamantan sus hijos temen que estrangulen sus perros quemen sus gallinas o escondan el agua. Aún se visten de pajas nadie decreta nada a los muertos tampoco las consume el fuego que cohabita con sus raíces. Beben lo que no tienen porque hay goteras en sus casas llevan aguaceros en sus espaldas aunque el cielo no las deje La mujeres de América antes que se oscurezcan el sol y la luna mezclan sus óvulos transbordan multiplicadas permanecen intactas. Son testigos sus nietos del frío de las polillas de sus tierras codiciadas herederosde la otra mitad del sol donde las viudas pueden bailar.

viernes, 8 de abril de 2011

Y de los replanteos...

Y de los replanteos y recontradicciones y reconsentimiento sin o con sentimiento cansado y de los repropósitos y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables y del revés y del derecho y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios y de lo insípido y lo sípido de lo remucho a lo repoco y lo remenosrecansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje y treta terca en tetas y recomienzo erecto y reconcubitedio y reconcubicórneo sin remedio y tara van en ansia de alta resonancia y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario y poro loco y parco espasmo enano y monstruo torvo sorbo del malogo y de lo pornodrástico cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos de tanto error errante y queja quena y desatino tísico y ufano urbano bípedo hidéfaloescombro caminante por vicio y sino y tipo y libido y oficio recansadísimo de tanta estanca remetáfora de la náusea y de la revirgísima inocencia y de los instintos perversitos y de las ideitas reputitas y de las ideonas reputonas y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias desde qué mares padres y lunares mareas de resonancias huecas y madres playas cálidas de hastío de alas calmas sempiternísimamente archicansado en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio o remeditativo o remetafísico y reartístico típico y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras simplemente cansado del cansancio del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento y al silencio.

miércoles, 6 de abril de 2011

Más poder de fuego y más presupuesto para reprimir

El gobierno soltará a las calles argentinas 2.000 policías federales, antes abocados a otras tareas, que recibirán, además, un aumento de $1.000, junto a otros 7.000 hombres que harán horas adicionales. Scioli, el gobernador peronista, aumentó un 32% el presupuesto en seguridad. Cristina les dio a los federales 110 patrulleros de última tecnología, equipados por los israelíes, expertos en esto de la represión. Esto sucede mientras, según datos oficiales, se reciben 15 denuncias diarias por “irregularidades” de la policía federal. En la ciudad de Buenos Aires, hay 90 oficiales federales investigados y 12 comisarías allanadas por protección de prostíbulos. Se pasó a disponibilidad al comisario Lompizano, jefe de las comisarías porteñas, porque en el video que entregó a la justicia del asesinato de Mariano Ferreyra faltan nueve minutos de filmación, entre 13.30 y 13.39, justo cuando se retiraron los patrulleros y sonaron los disparos. En la causa paralela contra la policía, el fiscal pidió la indagatoria a cinco oficiales superiores, Mansilla, Ferreyra, Conti, Garay y Villalba, por haber dirigido el ocultamiento y “extravío” de pruebas en el lugar del hecho. En Calafate, dos custodios de Cristina Kirchner y un policía local salieron a buscar a quienes les robaron tres pistolas 9 mm de su puesto de vigilancia en el chalet de la Presidenta. Detuvieron a dos personas, los subieron a una camioneta, los golpearon y les pusieron una bolsa de nylon en la cabeza mientras les preguntaban por las armas. Ya hace un año que el fiscal general adjunto de Pergamino procesó a seis uniformados porque se quedaron con el dinero de los vales de combustible destinados a la búsqueda de la familia Pomar. Ahora, están prófugos. En Baradero, otros cuatro policías, entre los que figura un ex jefe departamental, son buscados por integrar una banda mixta de piratas del asfalto que robaba camiones con fertilizantes y vendía la carga en comercios que recibían protección policial a cambio de dinero. En cuanto a la policía Metropolitana, en la causa por la represión y los asesinatos en el Parque Indoamericano, a pesar de no poder usar balas y postas de plomo y ser esto así declarado por Montenegro, la justicia le encontró en los depósitos de armas y municiones, en Chacarita, 98 cartuchos con proyectiles calibre 12/70 y la documentación de una compra por un total de 300 iguales, que data del 14 de octubre. Esas balas son compatibles con las escopetas que utilizaron los uniformados en la represión en Villa Soldati casi dos meses después. La mitad de los asesinados por el estado desde 1983 lo fueron por su gatillo fácil. Los fusilados en La Cárcova , en Baradero, en el Parque Indoamericano, sólo son una muestra más, no la excepción. La Policía y la Gendarmería militarizan nuestros barrios queriendo meternos miedo, subiendo a los trenes, a los colectivos, manoseando a nuestros jóvenes cuando los revisan, fraguando actas donde mienten impunemente. Hay 55.000 policías en la provincia de Buenos Aires y Scioli piensa incorporar este año un 20% más. Cerca de 60.000 policías Federales, entre 6.000 y 9.000 Gendarmes en el Gran Buenos Aires, cerca de 3.500 en la Policía Metropolitana de Macri. Todas planean a futuro, incorporando cada vez más vehículos particulares a sus fuerzas. La Metropolitana incorporará en el trienio 2010/ 2012 un 42% de unidades sin visualización alguna como de la policía. Cuanto mayor es la relación de la policía con la persecución y la muerte de nuestros jóvenes, con los delincuentes, cuanto mayor es la relación con los negocios clandestinos como prostitución, trata de mujeres, de menores, tráfico de drogas, robos, desarmaderos, etc, mayor es el número de policías que agrega el estado. Es que los negocios por izquierda que realizan y que los hace millonarios (a pesar, por ejemplo, que un comisario de la Bonaerense , sólo de sueldo básico recibe $14.330 ) los mantiene contentos y prestos a reprimir cuando el estado lo solicita. Policías y gobierno de turno se lavan las manos mutuamente, el jabón lo suministra la justicia y la toalla la arriman los punteros políticos. A esta policía los gobiernos la premian con aumentos, equipos, protegiéndola de la gente cuando hace falta mandándola a otros destinos, permitiéndole que siga manejando sus negocios porque la necesita para reprimir y asesinar a los que se organizan para enfrentarlos. [ De Atrapamuros, educación en cárceles ]

miércoles, 8 de septiembre de 2010


¿Qué opinás de la Cuestión Gay?
Odio la palabra gay. En mi época, los homosexuales masculinos jamás se hubiesen identificado, por ejemplo, con las lesbianas. Aunque había algunas lesbianas que podían llegar a sentarse en alguna mesa de homosexuales. Los homosexuales de esa época se llamaban “better”. Mejores. Y eran mejores que los de ahora.
¿Estaban más integrados?
No sé si estaban integrados o segregados pero no se autosegregaban y nadie usaba la homosexualidad para venderles nada.
¿Crees que existe un márketing gay entonces?
Yo me acuerdo cuando se lanzó el tema. Fue muy reciente, en 1978. Fue tapa de la revista Times y decía: Think straight, be gay. Es decir, “Piense recto, correctamente, sea puto”. Pero era adjudicado solamente a los hombres. Ahí me preocupó mucho a mí eso, la idea de que le dieran un nombre inglés. Yo tenía un amigo que era del Frente de Liberación Homosexual que fue un movimiento satélite de las organizaciones revolucionarias de las décadas del ´70. Fue muy famoso después, era el poeta Néstor Perlongher. Él decía: “Es tremendo, ahora cualquier puto se hace gay”. Para él era una cosa ofensiva porque era una palabra imperialista. A tal punto me preocupó el asunto que me ocupé de investigar la etimología de la palabra. Escribí un artículo “¿De dónde vienen tantos gueis?” (NdelR: el ensayo se encuentra incluído en la reciente antología de ensayos y artículos de Fogwill: Los libros de la guerra). Realmente me molestó la palabra. Y ahora es peor. Suponte que se instituyera el “Premio Gay”, vas a ver que los que van a ir son gays, osos peludos, sadomasoquistas, lesbianas… lesbianas de las siete u ocho tribus de lesbianas que andan por ahí: lesbianas darkie, lesbianas machorras, lesbianas vampiresas. No me gusta para nada todo eso. Porque junto a eso vienen un montón de cosas. Es decir, la reivindicación gay a mí me parece bárbara. Incluso había un grupo del que también conocía al jefe que se llamaban los GAG: Grupo de Acción Gay y que supuestamente era un grupo represivo a los represores. Me parece bien la autodefensa de los diferentes sexuales. Entre paréntesis, si tuvieras un buen sistema de micrófonos podrías comprobar que 9 de cada 10 personas son “diferentes sexuales”.

Volviendo al tema de los derechos…
Creo que las personas con identidad sexual diferenciada (no me importa que sean varones o mujeres y no me importa cuál sea su objeto sexual) tienen que tener todos los derechos del mundo. Pero si estamos luchando por la liberación de ellos, no los encanemos en la institución más mierda que produjo la sociedad contemporánea que es el matrimonio. La más represora. Fundada en la ley de Moisés. Que por supuesto no era una ley monógama.
¿Cómo es eso?
En el Antiguo Testamento, lees La Ley de Moisés y ves que en ningún momento dice que tenés que tener una sola pareja. Eso se instituyó cuando los judíos se empezaron a mimetizar con los romanos. Es un invento la monogamia. Es más, la Ley de Moisés obliga a ser bígamo cuando se muere tu hermano. Un varón que tiene un hermano que muere tiene que darle su nombre, su casa y hacerle hijos a la mujer de su hermano. Onán no fue castigado por Dios por masturbarse. Fue castigado porque se le murió el hermano, se llevó a la viuda a su casa, la mina lo calentaba pero el odiaba a la familia de la mina. Entonces se la garchaba pero no le eyaculaba adentro. Daba, como dice la Biblia: “las semillas a la tierra.” Es decir, acababa en el piso. ¿Y cómo lo castigó Dios? Lo mató. No lo mandó al infierno. Le mandó un rayo y lo mató. Entonces, la Ley de Moisés te obligaba a la poligamia. Te obligaba a darle tu nombre a todos los hijos que tuvieran las mucamas y esclavas de tu casa. Eso es poligamia.
Algo un poco más democrático que el matrimonio actual ¿no?
La institución actual es una mierda. Matrimonio Gay, ok, ahora decime ¿Aceptan también la trigamia gay? ¿Van a defender la trigamia? ¿Va a ser acaso una conquista ulterior? Los putos careta van a querer seguir teniendo un esclavo domiciliario.
¿A qué te referís?
A que van a querer ser un matrimonio como mi papá y mi mamá. Porque el caretismo cunde. Y en general, son más careta los homosexuales que los straight.
¿Por qué?
Porque el gay tiene esa puta costumbre de cuidar las formas. Viste que son más limpios, más ordenados…
¿Eso no tiene que ver con una imagen creada por el márketing gay?
No, no, eso tiene que ver con una estúpida identificación femenina. Un homosexual racional no tiene por qué identificarse con una mujer. Un homosexual es homosexual porque le gusta el pene. Le gusta que se lo pongan o le gusta chuparlo tocarlo o admirarlo. A la mujer no sé qué le gusta. Qué sé yo, le debe gustar nada más que joder a las otras. Y molestar a los varones.
Volviendo a la pregunta original, en ese artículo citaste al Cardenal Bergoglio ¿No te parece que es una provocación?
Yo coincido con el Cardenal Bergoglio, por supuesto. Creo que es una medida progresista no permitir que la gente se autoinmole en una institución siniestra como es el matrimonio.

¿Cómo te definirías políticamente?
No sé. No soy nada. No creo ni en el progresista ni en el reaccionario. A veces coincido con los sectores más reaccionarios, otras veces hasta llego a coincidir con los progresistas, aunque estéticamente no me gustan.
Además estás en contra del divorcio…
¡Pero por supuesto! ¿Para qué el divorcio? Estoy en contra del matrimonio. Si yo estoy en contra del matrimonio tengo que estar en contra del divorcio que para lo único que sirve es para casarse otra vez. ¿Para qué más sirve?
Podés divorciarte para quedarte solo…
Si alguien se divorcia, una pareja, de hombres, mujeres, lo que sea, es porque van a emprender otra pareja. Si no ¿Qué carajo les importa? Divorciarse por ejemplo, es desheredar al otro. ¿Para qué lo voy a desheredar si no me interesa?
En un artículo de 1984 (“El modelo liberal de opresión sexual”) escribiste: “… la pornografía es una institución comercial, que como las industrias del alcohol, del tabaco, propende a la creación de ámbitos de satisfacción sustitutiva que generan dependencia de su clientela. Cuando el Estado (…) acepta su existencia y promete la tolerancia respecto de esta industria cazabobos, define su proyecto cultural con tanta precisión como cuando amenaza con trencitos de exposiciones y conciertos de música complaciente…”. Teniendo en cuenta esto, ¿Considerás que la liberalización del consumo de drogas del que se estuvo hablando últimamente va por este mismo camino?
Yo estaba en contra de liberalización de la pornografía cuando se confundió un destape ideológico y político con un auge de la pornografía. Yo gané el primer premio de un concurso organizado por la primer revista pornográfica con intenciones comerciales serias de la Argentina. Se llamaba Don y el dueño era un fiolo de carrera. La pornografía venía de la mano de la explotación, de la prostitución. Estoy en contra de la pornografía y del juego. Yo pienso que la presencia de droga debe ser penalizada. No me importa si te drogás o no. Si tenés droga sos parte del sistema de comercialización de la droga que está costando 15 mil vidas humanas.
¿Lo decís a raíz de tu experiencia como ex adicto a la cocaína?
Sí, claro. De no tener esa experiencia personal y si fuera progresista diría: “No, ¡Que lo liberen mientras se tome su medio gramito por día de cocaína!”. Pero claro, medio gramo de cocaína por día significa que tenés que ver tres veces por semana al dealer. Estás participando de un acto de comercio ilegal.
¿No hay diferencia entre marihuana y cocaína?
Mhhhhh… yo conozco mucha gente que se cagó la vida por la marihuana, mucha que se cagó la vida por la cocaína. Creo que en nuestro medio puede haber diferencias. En las clases populares es tan cruel una como la otra. Cualquier cosa, el pegamento por ejemplo, es una idiotez. Además no produce nada. El pegamento es tan dañino como la marihuana, la cocaína y esas pastillas de mierda que nadie sabe quién sintetizó y se las comen de a baldazos ¿no?
Los años 80’ de merca, los años 90’ de pizza con champagne, estos años ¿De qué son?
Ahhh, ¿Qué pizza con champagne? Pizza con champagne fue un Estado que protegió, como este mismo, el tráfico de drogas. Este Fernández (NdelR: se refiere al ministro Aníbal Fernández), que habla de la liberación de las drogas es parte de un Estado que tuvo a la Argentina un año entero sin radares, poniendo en peligro la vida de todos los pasajeros de aerolíneas.
¿Qué opinás de la narrativa argentina contemporánea que suele defender una postura poco politizada para su literatura?
Ya existieron esos escritores eran: Guebel, Bizzio, Pauls, Caparrós. Esto en el año ´82. Y de los actuales quizás también hay alguno de los que puedo hablar bien, creo que no. A ver (agarra una suplemento cultural que tiene en tapa a varios de los escritores argentinos contemporáneos) Cucurto. De Cucurto hablo bien. De los demás no. Pero Cucurto es un tipo que me interesa. Está entre varias aguas, viste que es rara la posición de Cucurto.
¿No rescatás nada de la nueva movida?
¿Qué es nueva movida? Eso de nueva movida es márketing.
Hace poco hablaste de Pablo Ramos…
Me parece un tipo interesantísimo. Creo que es un escritor hipersalvaje y que tendría que darse cuenta que se puede convertir en un escritor de primera línea si acepta ciertas reglas del juego y si aprende a controlar y analizar sus textos. Leí un solo texto de él: La ley de la ferocidad. Me parece una obra maestra ese libro. Lo que pasa es que yo lo puedo leer pero no lo puedo ir regalando porque sé que el lector se va a entusiasmar mucho en un momento y de golpe se le va a derrumbar. Yo sé, esos ciclos de derrumbe y éxtasis que hay tienen que ver con los ciclos del alcohol, con los ciclos de la droga, y con los ciclos del laburo espantoso de escribir. Vos tenés una etapa buena: cazás guita y escribís como loco, estás tranquilo. Empieza a apretar, te empieza sonar el teléfono que quieren cobrar y ya escribís cada vez peor.
¿Qué pasa con tus libros que no se consiguen en la Argentina?
* * *
Chiche Gelblung me acusó de antisemita y me quiere hacer juicio.
¿Por qué? ¿Qué dijiste?
Quería meterme preso por algo que le dije en la radio. Yo no niego el Holocausto. Niego la palabra Holocausto, obviamente.
¿Por qué?
¿Cómo le vas a atribuir un motivo religioso a eso? ¿Vos crees que los mataron por motivos religiosos a los judíos? Eran motivos ideológicos mucho más complejos que la religión. Además lo que fue la Solución Final, ahí si yo niego que hayan sido 6 millones, me consta que no pueden ser 6 millones de judíos, no alcanza Europa para 6 millones de judíos. 6 millones era el número de kilómetros cuadrados que reclamaba la Haganá para el Estado de Israel, eso diez años antes de que fuera el supuesto Holocausto. Habrán sido un millón. Si hubieran sido 300 personas era lo mismo. Si hubieran sido 30 también. Niego la cifra pero no voy a discutir la cifra porque no voy a ir a Europa de vuelta para demostrar que en Auschwitz no cabía tanta gente.
No sólo en Auschwitz se mató gente.
Sí, pero fue el más grande. Si en Auschwitz se pudo haber matado 60 mil aceptemos que el terror nazi pudo haber matado otros 600 mil. Pero además le dejó la mano libre a los rusos, a los lituanos, a los polacos, a los rumanos, a los búlgaros, para quienes todo judío de su Estado era un alemán en potencia, era un enemigo. Porque eran los aliados de Alemania, los judíos, hasta bien avanzado el nazismo.
[...]
( Apenas un mojón de labios de una terrible entrevista a Fogwill )

viernes, 23 de julio de 2010




[...] Nunca se sabe quién está del otro lado. Porque del otro lado, hay muchos. Esa es la parte nihilista del humor: no saber nunca si tiene sentido.

¿No hay certezas?

La certeza que tenemos es la de saber a quién atacar

¿Cuál es el blanco?

El poder. El poder de la palabra, de las instituciones, de la educación, en el sentido de cómo nos condicionan para vivir con consignas falsas. Es nuestra forma de decir: "Conmigo, para eso, no vas a contar"

¿De descontrolar el control?

Exacto. Esa figura me gusta. Es la figura del tipo que se está escabullendo de eso que sabe que es mentira. Bueno, la idea es que no lo puedan agarrar y que ese tipo resista, desde la burla. Me parece que la burla es un arma poderosa. [...]




Entrevista a Diego Capusotto, RS julio 2010

lunes, 28 de junio de 2010


Los atacantes del amor
enmascarados por el mundo
asaltan en la calle
Cuidado, son terribles
aman como porfiados
quieren de pura voluntad
o la memoria les funciona
de modo tal que les importa nada
el odio, el gran castigo
y besan contra todo
contra todos tambien confiando
que alguna vez alguien, alguno
empuñe su ternura
empiece a fusilar
[ GeLmaN ]

miércoles, 16 de junio de 2010

De a poco la realidad se diluye en una vaga e incierta ensoñación.
Se fusionan lo concreto y lo intangible, se pierde noción del espacio y de lo material, los pensamientos ganan.
Los ojos se cierran porfiados, sellan con furia el pacto de no abrirse jamas, impermeables hasta siempre.
Me miro.

viernes, 11 de junio de 2010


[...]Sabía que la victoria final de la revolución está amasada con los fracasos anteriores [...]

sábado, 29 de mayo de 2010

Civilizados y bárbaros, Sandra Russo


[...]Las palabras pueden ser reemplazadas, pero el enfoque es el mismo. La cultura o la ignorancia, lo blanco o lo negro, lo europeo o lo latinoamericano, los seres pensantes y la masa, el Colón o la 9 de Julio, lo exquisito y lo popular. Sólo algunas veces en la historia el sentido común argentino fue perforado por la inversión de los términos.[...]

[...]Y también pasa que el orgullo argentino se empieza a despertar en otra parte. Allí a lo lejos, donde el emisor oficial de la argentinidad ubica a la barbarie. Todo cambia cuando el bárbaro advierte que no es bárbaro, sino que así lo ha llamado su conquistador. Y en el fondo de todo, siempre está el lenguaje. Los bárbaros que rodeaban a los griegos, los que siglos después rodearon al imperio romano o los que mucho más tarde rodearon la Bastilla, hablaban mal. El origen de ese mito fundante de Occidente, porque hasta ahí se remonta esta trama, es sencillo: los primeros bárbaros no “hablaban mal” sino otro idioma. El mito se origina en la ignorancia de los griegos: no sabían en qué idioma hablaban esos otros.
En la Argentina también hablamos distinto idioma, con la fuerza que tiene esa expresión, los que vibramos y sentimos el goce de mezclarnos, de rozarnos, de abrazarnos, de llorar en el hombro de otro, de agitar banderas, de gritar hasta quedarnos doloridos, de sostenernos horas en nuestros pies, de sonreírnos con desconocidos, de aceptar un mate al paso, de vivir esa experiencia alucinógena de ser millones y estar felices.
La reacción se defiende viendo otra cosa. No puede ver más que la masa o la chusma. No tiene otra cosa en la cabeza, ni en el alma ni en la mirada. No hay, en ese emisor histórico que resurge cada tanto, ninguna posibilidad de multitudes felices. Es más. Ese emisor cumple la función de mantener sojuzgadas a las multitudes para que nunca dejen de sentirse bárbaras.
Los verdaderos cambios, lo que no son cosméticos, sino rasguños en la costra del statu quo, suponen una revolución simbólica. Porque siempre el sujeto del cambio es el bárbaro que se libera de la mirada del griego o del romano y empieza a nombrarse a sí mismo de otra manera.
[ Sandra Russo ]

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146570-2010-05-29.html

miércoles, 26 de mayo de 2010

LAdRan SaNCho,
señAl qUE cABaLgAmOS